EL LLAMADO
Gen. Yassin Dawood Suleiman
Un dia, a fines de mayo de este año (2007) cuando estaba en Brindavan (Whitefield), alguien me dijo que había llegado una pareja de Irak. De inmediato presté atención. He visto regularmente devotos de Iran y también, ocasionalmente, de Turquía. Algunos años atrás, incluso ví a un grupo de Egipto. Pero de Irak, ¿y esto en el momento actual? Un señor de cierta edad acompañado por una señora vestida de negro llegaron a la Casa de Huéspedes en que yo alojaba. La conversación empezó.
El señor me dijo que era el Gen. Yassin Dawood Suleiman. Era oriundo de Bagdad, sí de Bagdad. Había sido en una época el Director de la Policía de Bagdad, pero había renunciado a su cargo en 1977 cuando se le pidiera hacer algo que iba en contra de su conciencia. Poco después de eso abandonó el país, yendo primero a Turquía y luego a Bulgaria. Aquí inició un negocio y prosperó. Después de la caída de Saddam Hussein volvió a Irak. Se sintió feliz de volver a su patria, pero nada feliz con lo que estaba pasando allí, en particular la violencia. Al parecer, los estadounidenses le pidieron al General Yassin retomar el cargo de Director de la Policía de Bagdad, pero se rehusó diciendo que no estaba preparado para servir bajo fuerzas de ocupación. Entretanto, con cada día que pasaba, la violencia lo perturbaba más y más, y no había señales que amainara, sino solamente que fuera aumentando.
Y entonces, hace aproximadamente dos meses, en medio de sus constantes plegarias a Alá por la restauración de la Paz en su trastornado país, el Gen. Yassin sintió que estaba recibiendo algún tipo de llamado dentro de sí mismo. No era muy claro, pero alguna Fuerza Interna le urgía hacer algo e ir a alguna parte; mas no pudo descifrar de qué se trataba; sólo que seguía sintiendo este Impulso Interno. Poco después, sintió que se le estaba diciendo “anda a ver a ese hombre santo”. Un hombre santo, ¿mas dónde? Algunos días después sintió que debía viajar a la India para poder ver a este “hombre santo”.
El Gen. Yassin le confió entonces a su mujer Amira Ali que ambos viajarían a la India.
Reticentemente, la señora accedió a acompañar a su marido en un viaje absolutamente desconcertante. El Gen. Yassin me contó que el aeropuerto de Bagdad está cerrado para los vuelos civiles, por lo cual él y su mujer tuvieron que venir a la India por vía terrestre – primero hacia la frontera entre Irak e Iran, luego pasar hacia Iran, viajar a través de ese país, luego cruzar hacia Paquistán por la frontera con Beluchistán, atravesar luego Paquistán para poder pasar a continuación a la India. La pareja hubo de viajar en bus, en taxi y en tren; mas todo el tiempo el General estaba seguro que iba a llegar a su destino deconocido, en tanto que su mujer le acompañaba no movida por alguna fe profunda en esta misteriosa peregrinación, sino llevada por el amor y la preocupación por su marido.
Parece que desde Paquistán llegaron a la India en bus hasta la ciudad de Amritsar. Aquí alguien le dijo que debía seguir hacia el sur. De modo que la pareja iraquí tomó otro bus y llegaron a Delhi. Alguien les guió hasta la estación de ferrocarriles. Estaban en la Estación en Delhi. Sabía que tenía que adquirir pasajes, mas ¿hacia dónde? Preguntó por algún lugar santo hacia el cual dirigirse.
Contó entonces, “Sabe, la muchacha en la boletería me dijo, ‘¡Le voy a dar pasajes para un tren que va directo a Puttaparthi!’ y le respondí muy bien. Y fue así que llegamos a la Estación de Ferrocarriles de Puttaparthi. Y, al desembarcar, vi un retrato de Baba. ¡De inmediato mi corazón dió un vuelco, supe que ese era el hombre a quien quería ver!”
Fue así que desde la estación, la pareja vino al Ashram, pero se descorazonaron al saber que Swami no estaba allí – estaba en Whitefield. Y ahora bien, ¿dónde estaba eso? Entretanto decidió que se preocuparía de eso más adelante – se sentía feliz por saber a quién estaba buscando. Me contó que se dirigió hacia el Ashram y oró. Agregó que estaba bastante acostumbrado a rezar en Iglesias durante su exilio. En Delhi visitó un Templo Budista y oró allí.
Incidentalmente, ¡le tomó a Yassin sólo VEINTICUATRO DÍAS para llegar a Puttaparthi desde Bagdad! Veinticuatro días, ¿pueden creerlo? ¿Asombroso, no es asÍ? ¡Qué fe! Para completar la historia, Yassin conoció a un devoto alemán en el Ashram, aparentemente un veterano, quien al escuchar esta asombrosa historia de Yassin, dijo, “Oiga, yo voy a Whitefield mañana. Pueden venir conmigo.”
Y fue así que Yassin y su mujer llegaron finalmente a Brindavan. Por la Gracia de Swami, fueron acomodados en el Ashram -- ¡y cuán feliz estaba! Sus ojos brillaban y su voz temblaba de alegría. Y mientras hablaba conmigo, su mujer a menudo se concentraba orando. Él me repetía constantemente lo maravilloso que era ver a BABA SWAMI, como se refería a nuestro amado Swami.
Esta fue mi reunión con este caballero que fuera guiado por una ‘Mano Oculta’. Ese es Dios y ese es Su Poder de Atracción o Aakarshana Shakti, como Swami lo denomina.
Swami ha salvado a tantos de la autodestrucción por esta vía. Es simplemente sorprendente el cómo llama a la gente hacia Sí, justo en el momento preciso. La interrogante es cómo respondemos muchos de nosotros a Su llamado y nos redimimos.
Om Sai Ram

por el Dr. G. Venkataraman
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Traducido por Herta Pfeifer
Santiago, febrero 2008